La aventura hacia la consciencia y la sanación de Alicia

una clienta

La aventura hacia la consciencia y la sanación de Alicia

Vamos a sumergirnos. Esta es la experiencia de una clienta, una mujer española de unos cuarenta años, madre de tres hijos, casada durante más de quince años y recientemente separada. No se identifica con ninguna creencia religiosa en particular, aunque sus padres son católicos.

Durante nuestra primera sesión, me compartió su desconcierto: después de tantos años de convivencia con su marido, ¿cómo era posible que no se hubiera dado cuenta de que algo no estaba bien? ¿Cómo podía ser que, ante situaciones que no le gustaban, no hubiera “escuchado” lo que sentía? En el fondo, lo que deseaba era comprender quién era realmente y qué estaba ocurriendo en su interior.

Pero quería descubrirlo por sí misma. No quería que nadie le dijera cómo era o qué debía sentir. Anhelaba una exploración interna, auténtica, nacida de su propia experiencia. Al mismo tiempo, sentía una mezcla de tristeza y rabia: tristeza por sí misma, y rabia por haber “malgastado” tantos años de su vida. Después de la primera sesión terapeútica, le pedí que escribiera lo que había vivido. Estas son sus propias palabras sobre ese primer encuentro:

Su testimonio:
Me estuve quedando dormida a ratos, y cuando me daba cuenta volvía a despertarme sin saber muy bien dónde estaba. Cuando me percataba de que estaba con Alex, allí tumbada, me daba vergüenza que pensara que me había quedado dormida. ¿Estaría haciendo algo mal?

Recuerdo que de repente empecé a sentir como si alguien me diera golpecitos en mi brazo izquierdo, casi como alguien que te toca con un dedo para llamar tu atención. —Qué raro —pensé. Pero esto no se lo dije a Alex, parecía más algo de mi imaginación.

Al rato sentí como si alguien tirara del mismo brazo… como si el que me había estado llamando, al ver que no le hacía caso, tirara de mí… y en ese momento sentí que caía como a un nivel más profundo… y comencé a sentir que mi cuerpo cambiaba, mi cara cambiaba… era como si yo fuera de plastilina y mi cuerpo estuviera cambiando de forma… muy raro… mis hombros comenzaron a ensancharse, el pecho también…

Se lo dije a Alex:
—Algo raro me está pasando en el cuerpo, lo siento más grande.
Y entonces Alex me preguntó:
—¿Qué eres, hombre o mujer?

Mi parte más mental se quedó alucinada con aquella pregunta… ¿cómo que hombre? ¿Pues no me ha visto?… pero claro, al sentir entonces en lo que se estaba convirtiendo mi cuerpo, dije sin pensármelo dos veces:
—Hombre.

Sí, me sentía hombre. Un hombre grande y fuerte.

Curioso. Muy curioso. Y en ese momento aparece una imagen, muy clara, muy nítida: yo sobrevolando un inmenso bosque, aterrizando encima de lo que parecía una cabaña de piedra con el tejado con algo que parecían pieles estiradas puestas a secar… sobrevuelo la casa y cuando me dirijo hacia la puerta de entrada, hasta veo un zócalo de piedra, desgastado por el paso de animales y gente, en la entrada de la cabaña… muy rápido, voy a entrar… pero no puedo, algo me frena y la imagen desaparece.

Se lo cuento a Alex y en ese momento me veo correr por un bosque. Veo los árboles al pasar. De madrugada, neblina, parece invierno… la imagen es como gris… se lo digo a Alex:
—Estoy corriendo por un bosque.

Otra imagen, como un brujo:
—Veo un brujo vestido con piel de bisonte.
(Para mí pienso: —¿Y yo cómo sé que va vestido de bisonte? Ni idea. Es como si las ideas salieran de mi boca sin pasar por mi cabeza, pero estoy segura de que si lo digo es que es así).

—Bien —dice Alex—. ¿Y qué quiere el brujo?
—Echarme de la aldea.
(¿En serio estoy yo diciendo esto?)
—¿Y qué sientes?
—Siento que tiene razón, algo he hecho mal, algo que está en contra de las normas de la aldea y tengo que marcharme.

Ahora veo mis pies descalzos caminando sobre un riachuelo… son pies de hombre. Sólo puedo verme hasta las rodillas.
—Voy caminando sobre un riachuelo —le digo a Alex.
—¿Y cómo vas? ¿Triste? ¿Como si sintieras un gran peso?
Y en ese momento, me salía del cuerpo del hombre y lo veía. Un hombre joven, grande, con una melena rubia y vistiendo con pieles… camina triste, con los hombros hacia delante….
—Sí —le digo a Alex—, voy caminando triste.

Me vuelvo a meter en el cuerpo del hombre y me paro ante un árbol… miro hacia arriba. Tengo grabada esa imagen, todavía puedo ver el árbol, su corteza, un trozo sin ella más arriba de mi cabeza, no sabría qué árbol es, pero es muy alto.

—Me he parado delante de un árbol. Es mi árbol —le digo a Alex.
—¿Y qué quieres hacer?
—Despedirme —contesto. Ya ni siquiera me pregunto de dónde salen mis palabras.

Entonces, me abrazo al árbol y comienzo a llorar, con una tristeza tan profunda que es como si estuviera vaciando una pena allí acumulada durante miles de años. Una pena que no sabía que estaba allí.

Y entonces Alex me dice:
— Siente, siente la pena y siente qué relación tiene con tu vida actual.

Y entonces me di cuenta. Durante los últimos meses de mi separación, no me había permitido sentir ninguna tristeza, sólo rabia… tenía que seguir adelante, por mis hijos, nadie podía ver lo herida que estaba, tenía que continuar con mi vida… no me había permitido sentir el duelo. Un duelo que era necesario y que estaba ahí.

Me pasaba como al hombre, él tenía que marcharse de la aldea y yo tenía que dejar mi matrimonio. Una etapa de mi vida terminaba, y aunque sabía que tenía que ser así, eso no tenía que impedir que llorara esa parte de mi vida que una vez pensé que sería para siempre pero que ahora terminaba.

Darme cuenta de aquello fue una gran liberación. Parte de la rabia se fue y me dejé sentir mi vulnerabilidad.

Las sesiones del espacio interior ofrecen precisamente eso: claridad, despertar y sanación en múltiples niveles del cuerpo y la consciencia. La persona florece desde su interior, reconectando paso a paso con su propia sabiduría, con esa voz interior auténtica y con su esencia más profunda. Estas experiencias sutiles, profundas y directas están al alcance de cualquier persona dispuesta a explorarlas. Durante los años que trabajé con Alicia, cada sesión se convirtió en una aventura única, siempre nueva y reveladora.

Es un crecimiento genuino que nace desde adentro, como una semilla que germina con el abono adecuado, abundante luz y cuidado constante. ¿Te animas a embarcarte tú también en este viaje transformador?

Preguntas frecuentes

Una sesión de espacio interior es un proceso terapéutico guiado que permite acceder a capas más profundas de la conciencia más allá de la mente ordinaria. A través de la relajación, la atención enfocada y una guía sutil, la persona entra en un estado donde emergen imágenes, sensaciones y sentimientos de forma natural. Esto facilita una exploración directa de la experiencia interna, favoreciendo una comprensión más profunda y una integración emocional.

Los clientes suelen experimentar comprensiones a través de imágenes vívidas, sensaciones corporales y cambios emocionales, más que mediante el pensamiento lógico. A medida que la mente se aquieta, pueden emerger capas más profundas de memoria y emoción en forma simbólica o experiencial. Estas realizaciones se sienten inmediatas y personales, ya que surgen desde dentro, lo que permite una comprensión más auténtica y duradera.

El duelo y la vulnerabilidad abren la puerta a la liberación emocional y la integración. Cuando estos estados se permiten y se sienten plenamente, en lugar de ser evitados, ayudan a disolver tensiones acumuladas y emociones reprimidas. Este proceso reduce la resistencia interna y crea espacio para la claridad y la aceptación. Con el tiempo, lo que antes resultaba abrumador se transforma en una fuente de fortaleza y autenticidad.

Este enfoque se diferencia de la terapia tradicional en que pone menos énfasis en el análisis verbal y más en la experiencia directa. En lugar de centrarse únicamente en hablar del pasado, se guía a la persona a sentir y explorar en tiempo real las emociones y sensaciones subyacentes. Esto permite acceder a niveles más profundos de la psique que no siempre se alcanzan a través de la conversación, facilitando una transformación más integrada.

Las imágenes y experiencias que surgen durante una sesión forman parte de la realidad interna de la persona. Ya sean simbólicas, basadas en recuerdos o imaginativas, reflejan aspectos significativos de su mundo emocional y psicológico. Lo importante no es si son “reales” en un sentido objetivo, sino lo que revelan y cómo se viven. Estas experiencias pueden ofrecer una comprensión valiosa y facilitar el proceso de sanación.

Las sesiones de espacio interior pueden ser beneficiosas para muchas personas, pero no siempre son adecuadas para todos en cualquier momento. Es importante contar con un cierto nivel de estabilidad y preparación para explorar material interno profundo. Un profesioinal cualificado evalúa esto y adapta el proceso según cada caso. Con el acompañamiento adecuado, estas sesiones pueden ser un camino seguro y eficaz hacia la conciencia y la sanación.

FECHA

9 mayo 2025

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